El Fondo Monetario Recortó Estimados Otra Vez

Lo que venía siendo hasta ahora mera especulación finalmente se ha concretado. El Fondo Monetario International (FMI) recortó sus estimados de crecimiento global para 2016 y 2017, mismos que mantenía intactos desde octubre del año pasado. De un pronóstico original de 3.6% de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) global para este año, hemos pasado a un 3.4%; y del 3.8% que proyectaba el Fondo para 2017, ahora tenemos un 3.6%. Lo anterior no causa sorpresa, puesto que ya otros organismos internacionales habían recortado sus numeritos en semanas recientes. El mismo Fondo Internacional venía de reducir el estimado de crecimiento para 2016 de 3.8% a 3.6% de julio a octubre. Si bien el recorte ya estaba anticipado, no deja de ser una noticia negativa más en un entorno financiero volátil.

¿Qué ha cambiado en estos últimos tres meses? En octubre pasado, el Fondo Monetario ya había advertido sobre el crecimiento desigual en la economía mundial. Por un lado, los países avanzados continúan inmersos en una lenta recuperación impulsada por menores precios del petróleo, depreciación cambiaria y política monetaria laxa. En cambio, el crecimiento en los países emergentes y en desarrollo se veía amenazado desde octubre (y julio) por la acelerada caída del precio de materias primas, a su vez estrechamente ligado por una menor demanda china de insumos; sumado a tensiones geopolíticas focalizadas y al agotamiento de ciclos crediticios favorables post-Gran Recesión, el escenario no pintaba bien desde entonces. Sin embargo, ahora en enero el Fondo Monetario advierte que la desaceleración de la economía china ha sido más profunda que originalmente pensado, lo cual golpea a los países emergentes y en desarrollo en mayor medida que a las economías desarrolladas.

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Pero China no es la única causa. Rusia y Brasil fueron la principal causa por la que el Fondo revisó a la baja el crecimiento esperado para las economías emergentes y en desarrollo—de 4.5% en octubre pasado a 4.3% en enero. La mayor revisión de crecimiento de tres meses a la fecha vino en Brasil—250 y 230 puntos base de recorte a los estimados para 2016 y 2017, respectivamente. El Fondo ahora espera que la economía más grande de América Latina se contraiga un 3.5% en 2016 y que no cambie (0.0%) en 2017—éste último número es altamente susceptible a ser pronto cambiado a la baja si la crisis política en el país sudamericano no es resuelta en los próximos meses. La “tormenta perfecta” carioca difícilmente mejorará en 2016 ante los abrumadores retos que enfrenta: déficit fiscal en continuo deterioro; exportaciones cayendo ante la desaceleración china (19% de exportaciones brasileñas) y fuertes caídas del precio de materias primas; incertidumbre política a la alza; caída en inversión fija y de cartera; deterioro del ciclo crediticio; problemas financieros de la paraestatal petrolera, Petrobras, originados por un excesivo endeudamiento y la caída en el precio del petróleo; inflación galopante y ya en doble dígito (10.7% anual a diciembre 2015), impidiendo la relajación monetaria en el corto plazo; y, por si no fuera poco, proliferación de escándalos de corrupción que ponen en cuestionamiento el estado de derecho y la capacidad política para dar golpes de timón y revertir la espiral de retroalimentación negativa vigente.

América Latina se contraerá en 2016, afectada principalmente por Brasil. El Fondo Monetario recortó también el estimado de crecimiento en 2016 para la economía regional de 0.8% a -0.3%. Si bien esto obedece principalmente a la fuerte contracción en Brasil, México, la segunda economía regional más grande, también vio recortado su pronóstico de crecimiento en 20 puntos base; de un 2.8% esperado en octubre pasado, ahora el Fondo Monetario ajusta a 2.6%. Aunque el organismo internacional resalta las condiciones internas de la economía—incluyendo una inflación de 2.2% anual; consumo en recuperación; perspectiva favorable de inversión a raíz de las reformas en años anteriores; y un ciclo crediticio favorable—, los factores externos complicarán a lo largo de 2016 a la economía mexicana. El Fondo Monetario ajustó de 2.8% a 2.6% su estimado de crecimiento para Estados Unidos, lo cual salpica a México al depender las exportaciones de éste del dinamismo del vecino del norte. Sumado a la caída en producción industrial, explicada a su vez por una menor producción petrolera en términos de volumen y valor, la balanza de riesgos externos para la economía mexicana se deteriora en los últimos meses, lo cual se ve reflejado en el ajuste de estimados del Fondo. Si bien el recorte no es tan violento como el correspondiente en Brasil, este ajuste complica aún más el entorno para América Latina.

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El escenario económico regional puede fácilmente empeorar en los siguientes meses. La economía latinoamericana no parece haber encontrado piso, aún. El papel del Fondo Internacional en lo referente a estimados de crecimiento no es adelantarse a nuevos eventos económicos y predecir tasas especulando. Su función es calibrar su modelo con los datos disponibles hasta la fecha en que dicho instrumento se actualiza. Y nada más. Por ende, eventos nuevos pueden llevar a cambios en los insumos de los modelos. Dicho esto, ¿qué eventos regionales podrían no estar aún incorporados a los números del Fondo Monetario? Por mencionar sólo algunos: que Venezuela se declare en moratoria hacia finales del año, resintiendo la fuerte caída de los precios del petróleo y la subsecuente caída en las reservas internacionales; que Mauricio Macri y su “terapia de shock” para la economía argentina inyecte más incertidumbre de lo tolerable; que la morosidad bancaria a la alza, la posible caída de BTG Pactual (banco de inversión), la iliquidez de Vale (compañía minera) o un incumplimiento de pagos de Petrobras (petrolera) lleven al comienzo de una crisis bancaria en Brasil hacia fin de año; o que los tipos de cambio regionales se deterioren aún más, empujando al sector privado (i.e. importadores netos) hacia la incapacidad de honrar deuda en dólares.

La recomendación de LATAM PM para la primera mitad del año es… prudencia. La lista de posibles eventos negativos es más larga que la de positivos—la aceleración del comercio global; una menor incertidumbre política en Brasil; y el repunte del cobre y/o el petróleo parecen ser las últimas municiones regionales para 2016. Con la balanza de riesgos de crecimiento inclinada a la baja, la postura generalizada de gobiernos e inversionistas debe de ser defensiva. Ante lo presionado de las finanzas públicas en la mayoría de países y el precio del cobre cayendo en las economías con finanzas sanas—Perú y Chile—, la política fiscal estará atada de manos durante todo 2016. La política monetaria tampoco pinta bien, pues la inflación se estará acelerando en prácticamente toda América Latina, siendo Argentina la excepción—un objetivo prioritario de las reformas es disminuir el aumento de precios. (En México las tarifas de gobierno no disminuirán tanto como en 2015, lo que hace poco probable que la inflación permanezca en mínimos históricos.) Ante este combo de imposibilidades, cualquier evento negativo puede llevar a un efecto dominó prolongado en la región. Depender del azar—o del Fondo Monetario, para eventuales rescates—es casi siempre un mal augurio. Ya veremos.

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